Escribo para no explotar. Microrrelatos. 2

Estaban tramando algo de manera silenciosa. No tenían un plan trazado sobre papel, pero en su segunda cita fueron juntos a ver la última película de Wes Anderson. Se identificaron tanto con los niños protagonistas que decidieron escapar del mundo. Aun intentan traspasar la frontera, pero al menos están juntos…

Moonrise

Fotograma de la película Moonrise Kingdom de Wes Anderson.

Mi vecino ha gastado las canciones que más me gustan y también las que menos pensaba que iba a odiar a rasgazo de guitarra y chillido de crooner latino nacido en Holanda… limpios. Como si no hubiese un mañana, como si acabara de descubrir a Silvio Rodríguez y a Pablo Milanés… Pero es majo… Pero es majo… Muy majo… Y amenazar a vecinos en idioma ajeno con objetos punzantes no está bien…

Y en esta locura de mundo, la gente encuentra a gente única muy de vez en cuando. Gente con la que hacen clic, clac o cluc. Si ese día tienen la suerte de darse cuenta de esta peculiaridad, los cuidan mucho, mucho, hasta sacarles brillo e intentan no romperlos, como con un jarrón. Si no es así, porque estaban de resaca o en “un momento complicado de su vida”, se pasan media vida buscándolos, poniendo anuncios en forma de estado de Facebook y Twitter y comprando objetos de ver mejor tipo prismáticos, lupas o gafas de intuir el camino hacia Macondo.

Searching

Imagen encontrada en Pinterest sin firma de autor.

La exclusividad sale muy cara. Puedes leer esta frase del derecho o del revés, pero siempre es cierta. Bien por querer tenerla y tener que pagarla. Bien por dejarte tu tiempo entero y esmero en algo que al final del mes no te da de comer.

Los dramáticos odian a los histriónicos y éstos a los egocéntricos y éstos a los centros de atención y éstos a su vez a los reyes y reinas de la fiesta y éstos a su misma vez a los triunfadores de la vida. Todos y todas quieren ser los protagonistas de la película.

kr9kpxov274efi2ey9ulzkrij1qy4q7t

Un vaso de vino verde y unas flores con todos los colores del otoño son suficientes para conseguir la mejor noche de las dos personas más felices del mundo. Lo tienen todo en 45m2 y lo que no cabe ahí recorre cada milímetro de sus geografías: pálpitos, sangre, suspiros, sonrisas, guiños, sudor, sueños y la seguridad que da valorar cada segundo con sus pequeñas peculiaridades.