Vivir para aprender a entender la vida

Desde muy pequeña mi madre me lo insinuó con algún mensaje que venía a decir, hija, tienes una particular y difícil forma de entender y  hacer las cosas. Vamos, que o te espabilas, o mal lo llevas en esto de la vida… Esto me ha pasado con más seres queridos y cercanos que me han transmitido el mismo mensaje. El otro día veía el documental de Marina Abramovic, The artist is present, en el que decía, “Ser alternativa a los 20 está bien, a los 30, a los 40, a los 50… ¿pero a los 63 como yo? Yo ya no quiero ser más alternativa”. Sin duda el de la abuela de la performance es un caso irreversible, no creo yo que Marina Abramovic deje de ser alternativa a estas alturas. Y no creo yo tampoco que mi forma de entender el mundo, esa que comenzó desde pequeña como apuntaba mi madre y que ahora continúa, cambie nunca. Aunque yo cierre los ojos bien fuerte y lo desee todos los días.

marina-abramovic

Suerte que estoy leyendo a José Luis Sampedro. Parece que, cuando no comprendes lo mezquino del día a día, llega alguien como él y te da lecciones de humanidad y de vida sin querer, sin pretenderlo. Pese a poder hacerlo sobresaliendo por encima del resto, por su bagaje intelectual y su sapiencia, Sampedro siempre se refugiaba en la sencillez para transmitir. Esto lo hacía más grande, como es obvio. Es como entender la vida a través de fractales, como mi querida Sandra Lara. Estamos en un fractal dentro de un fractal mayor, cosa liosa y, rizando el rizo, deberíamos sentirnos grandes por ser tan pequeños, pero tener la suerte de estar rodeados de una inmensidad que de desconocida y enorme, nos sobrepasa pero al mismo tiempo nos da esperanzas para seguir introduciéndonos en ella. La voracidad y necesidad de aprender, de nutrirnos por dentro, de prosperar y avanzar.

Hokusai

Unos días te sientes grande y otros te sientes chiquita, pequeñita. Yo hoy me siento muy pequeña. Porque pienso que cómo aun sigo sin entender ciertas cosas. Que me voy a tirar toda la vida en el camino quizá para comprender lo más básico. Que encima ya podría haber nacido persona de otra condición, pero siendo terca como una mula, si no lo entiendo, pues no paro hasta hacerlo y si no va conmigo pues no va conmigo y no lo incorporo a mi vida. Que cuánta complejidad y matices tiene el vivir y que igual no estoy a la altura para entenderlo todo y que qué pena, ¿no? Yo siempre pienso de nuevo en José Luis Sampedro, con esa energía de niño y a sus 95 años diciendo que nuestra obligación era vivir la vida, porque somos unos privilegiados de poder tenerla. O en Enrique Meneses, que pese a llevar oxígeno en los últimos años de su vida para vivir, con sus consejos de vida insuflaba más aire y ganas de vivir que cualquier veinteañero.

aurora boreal

Pequeña y quizá teniendo pendiente ser más espabilada y hacer más caso a mi madre y a los que me quieren. Y con muchas equivocaciones a mis espaldas, claro. Pido disculpas a todos y todas los que los sufrieron o las sufren. Quizá sea una nueva tentativa de intentar hacerlo todo de la mejor manera posible y mira, a veces no se puede porque somos humanos, por mucho que deseemos ser robots, como los Daft Punk. Algo de humor tenía que poner, que me estoy poniendo muy triste. Y en momentos así como los de hoy, supongo que solo queda esconderse debajo de la manta hasta recuperar fuerzas, para al menos sentirse pequeña, pero valiente, como decía Goku, pues la gran inmensidad siempre va a seguir estando ahí fuera y no pienso perder la oportunidad de vivirla y disfrutarla. Sigan su camino e intenten aprender lo máximo posible sobre esta experiencia común nuestra, que es la vida, aunque a veces nos desesperemos y nos vengamos abajo, por no entender nada.