La generación perdida ya es mainstream

No me digáis que no. A estas alturas de la película, cada uno tiene ya su propia versión de la generación perdida. La peste postmoderna que azota a nuestro país en crisis ya se ha convertido en todo un hype. La generación perdida ya es mainstream.

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No es la primera vez que se frivoliza sobre un tema serio. Unos retoques de maquillaje, una pincelada de decadencia… o de humor, depende de la dirección y del guión y, ¡hala! listo para publicidad. Te ha quedado ideal, comprometido, pero de lo más “must have”. Y es que aquí todo se aprovecha. Si pasó hasta en los más destacados movimientos sociales, mayo francés, hippies, rastafaris, ecologistas y okupas… Cómo no iba a pasar con nuestra generación perdida. La más preparada, ya saben. La que hemos pagado todos con las arcas públicas, pero que ahora dice adiós, good bye, arrivederci, adieu… ¡que se las piran, vamos!

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Y ya es hasta TT, Trending Topic, que aquí ya todo se escribe con siglas, en la red social más de moda, Twitter. ¡Será por su espíritu aventurero! No lo duden, la secretaria de inmigración, Marina del Corral, hace sus primeras apuestas. La generación perdida como primera secuela, cual Indiana Jones, del que será sin duda el gran éxito de taquilla de los próximos años. Aventuras, emoción, amor, idiomas, mano de obra barata, sanidad limitada de jóvenes que ya tienen el título de personas sin recursos (a esto súmale las dos licenciaturas, el máster y los idiomas, ojo). Lo has clavado, muchacha, que lo haces adrede y no te sale más surrealista. 

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La generación perdida tiene camerino de lujo propio y es ya protagonista principal de anuncios de grandes empresas, que facturan más ceros de los que nunca te imaginarás en publicidad. En este caso dejemos la decadencia sexy y la aventura por el humor, ¡vuelven los payasos! Y la actuación de nuestra actriz es excepcional, ojo, que ha emocionado a grandes y a pequeños a partes iguales, incluidos los que se han ido “de aventura” por el mundo a buscar un currito de camareros o friega platos y pasan la Navidad fuera de su casa. Esos que no pueden volver a casa a comer turrón. El guión del anuncio de Campofrío es intachable, vaya. Sus creativos lo han clavado. Pero no nos quedemos en las emociones fáciles e indaguemos un poco más. Pinchen, pinchen en este artículo del hyperlink. 

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¡Vamos! Que os pensabais que la generación perdida solo hace asambleas en las plazas y grita “no hay pan para tanto chorizo”. No sabéis que la generación perdida ya no entiende de colores políticos, de carisma social ni de cabeceras de periódicos. Que los que ven Intereconomía y leen La Gaceta también tienen su derecho a meterse en esta etiqueta. Al igual que ocurrió en su día con esos que nunca habían salido a la calle a reivindicar nada, pero que vieron de lo más fenomenal hacerlo para defender a la “straight family”, la recta, la genuina y auténtica, conformada por papá y mamá, no te olvides, que también tienen ellos derecho a hacer manifestaciones y poner canciones de cantautores entre proclama y proclama. Pues eso, hoy se pone de moda el reivindicar tu propia generación perdida.

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Y así me lo decía mi amiga Esther justo antes de pensar en escribir sobre este tema. “Ayer me tocó al lado en una terraza una pija diciendo: es que nosotros tenemos edad de crear empresas y con la crisis somos la generación perdida”. Pues eso, reivindica tu propia generación perdida, ya sea para crear empresas como la niña de la que hablaba Esther o para irte fuera a vivir tu propia aventura. O para protagonizar con tu currículum impecable el mejor anuncio de la Navidad. Pero no te olvides de que además de TT, portadas de periódicos, hashtags, editoriales de moda, reportajes en suplementos de cultura, entrevistas en españoles por el mundo o crónicas de callejeros en España, seas más joven o más viejo, estás jodido o jodida.

Pues eso, que ya va siendo hora de que hagamos algo, aunque sea pequeñito, porque como esperemos a que nos solucionen la papeleta, os aseguro que nuestra generación perdida va a pasar de diva de portadas con éxito a juguete roto con problemas de drogas, ansiedad, depresión y trastorno de personalidad.

Yo me quedo, como siempre, con los que empiezan por pequeños pasos en su entorno, pero piensan en global, a largo plazo. Con los que proponen soluciones, con los que tienen espíritu crítico. Con los que no sacrifican ni una pizca de su dignidad por tomar la vía fácil. Con los que siguen tomando decisiones,  con los que se mojan y se mueven, con los que no se callan. Con los que no eligen las respuestas más halagüeñas por quedar bien.

Y es que de todo se puede sacar una moda mamarracha, si va a tener razón Mario Vaquerizo…