Cuando unas ganas irrefrenables de echar a correr sin mirar atrás te poseen

Sí, esta es la canción de fondo mientras que escribo. ¿Quién lo diría por el título? ¿Cómo vas a echar a correr con la elegancia de Andrea Motis y Joan Chamorro haciendo un cover de Louis Armstrong?

¡Oh, dios! o ¡Oh, Margot! Supongo que es pura herencia del cine, una pasa sus momentos “in blue” con la banda sonora apropiada, en el sillón apropiado e incluso con la ropa apropiada ya. Espera que me estoy pintando la línea apropiada también con el eyeliner de saldo para estar lo más glamourosamente depre posible.

Ni siquiera llueve fuera. Es pleno agosto, hace un díazo. ¿Qué pasa? Una se deprime cuando le viene mejor. Es mi constante empanamiento el que me lleva a  pillar los chistes tarde y también leer libros y ver películas que un buen día marcaron un hito o fueron importantes para muchas personas. Así entendéis mejor lo del momento depre en agosto. Pero tranquilos que pronto pienso estar así. Glamourosa y feliz.

El otro día, en un descanso de un proyecto que unos amigos y yo estamos terminando y que supongo que es el bajón que ahora me posee, vi una película de los 90, Antes del Amanecer. Había una parte del diálogo que siempre me ha rondado y que también supongo que ha sido el motivo fundamental de todas mis reflexiones más profundas, bajones varios y replanteamientos de la vida en radical. Ahí os lo dejo:

– ¿Pero acaso todo lo que hacemos en la vida no es para que nos quieran un poco más?

– No lo sé. A veces sueño con ser un buen padre y un buen marido… Y a veces siento que está muy cerca. Pero otras veces me parece una tontería que arruinaría mi vida. Y no es solo el miedo al compromiso, que no pueda preocuparme ni amar, porque no es así. Soy capaz. Pero si soy sincero conmigo mismo, creo que prefería morir sabiendo que he sido bueno haciendo algo y conseguido destacar de algún modo en vez de haber tenido una gran relación amorosa.

– Sí, yo trabajé para un hombre mayor y una vez me dijo que se había preocupado toda su vida por su carrera y su trabajo y que al cumplir 52 años de repente se dio cuenta de que nunca se había entregado a nadie. Su vida no era para nadie ni nada. Casi lloraba cuando lo dijo. Si de verdad existe alguna clase de dios, no debe de estar en nosotros. Ni en ti ni en mí, pero quizás en un pequeño hueco entre nosotros. Si existe alguna magia en este mundo debe estar en el intento de comprender a alguien al compartir algo. Lo sé, es casi imposible lograrlo, pero, ¿qué importa eso? En el intento debe de estar la respuesta.

¿Tirarte toda tu vida siendo bueno en algo o vivir al fin y al cabo entregándote no solo a personas sino también a retos y emociones varias que quizá no te lleven a una gran meta, pero si a una gran reflexión o sensación para tu vida?

Oh, my god, de nuevo. Que alguien me invite a una botella de Cartojal y se me quite esta tontería. O mejor aun, por favor, que la fuerza me invada y terminemos por fin ese proyecto del que os hablaba y pueda seguir con mi vida normal. ¡Y ya está! Esa era mi reflexión de hoy, otro día de agosto en el que no tengo tiempo para ir a la playa ni para patinar ni unas vacaciones remuneradas ni un trabajo ni na de na… Pero tengo un proyecto que acabar y planes futuros, ¡ojo! Siempre hay que tener algo🙂 Hay que acabar de manera positiva ALWAYS.