Lo quiero todo contigo

Ella siempre había pensado que la vida es como un viaje rápido y fugaz, por eso era importante no llevar exceso de equipaje. ¡El mundo era muy grande y le quedaban tantas ventanas por abrir!

Recopilaba historias que metía cuidadosamente en cajitas con papel de celofán para que no se estropearan con el paso de las canciones. Y de nuevo otra banda sonora desconocida con la que bailar. Estaba preparada para los ritmos que no siempre acompañan…

De pequeña había pasado la mayor parte del tiempo en casas de familiares y amigos que la cuidaban mientras sus padres criaban a sus hermanos más pequeños. Cambiaba de escenario continuamente, pero siempre, siempre, siempre le quedaría el sur.

Había vivido mucho intensamente pero el camino era menor de lo que hubiera imaginado. “Buena verdad es que ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe”, había leído una vez en un libro.

Sentía intensamente al mundo, pero nunca dejaba sus cosas por mucho tiempo en el mismo sitio. Prefería caminar descalza para no hacer ruido al irse en mitad de la noche.

Su única aspiración siempre había sido acostarse con una sonrisa y levantarse sin remordimientos.

Nunca había aprendido a rezar, pero creía tanto en las pequeñas cosas que siempre estaba en guardia por sí había que comenzar una revolución para defenderlas.

No exigir nada a nadie le había permitido disfrutar de las sonrisas más puras que hubiese podido nunca imaginar.

Fiel a algunas “pes” básicas: pilares, principios y papeles en blanco por escribir…  no esperaba que aquello que también las incluía: compartir y explorar, fuera como en aquellas películas que ponían siempre las noches que no tenía plan.

Su vida no tenía una coreografía establecida, pero procuraba dar pasitos pequeños y seguros. ¿Quién quiere darse un batacazo?

Quería seguir poco a poco por el camino hacia el sur y sentir, reír, bailar, suspirar, llorar, amar, tropezar, levantarse, continuar, soñar, sorprenderse, sentirse más segura, volar, dejarse llevar, pararse, disfrutar y otra vez continuar y volver a sentir, reír, suspirar…

Nadie sabe lo que pasó aquella mañana en la que al despertarse de una noche de confesiones y conversaciones que cambian el mundo aun seguía allí con sus pies descalzos.

Nadie sabe tampoco qué ocurrió para que sus movimientos se hicieran más lentos y el camino hacia la calle fuera tan torpe y carente de sigilo. Y según quien cuente la historia ni siquiera existe tal camino al exterior.

Lo cierto es que al abrir los ojos seguía allí con las mismas ganas de sur y las mismas pes y el mismo camino ansiado por recorrer… Solo que ahora había decidido ponerse zapatos  y esperar lo que hiciera falta.

Sintió un pellizco que la sobrecogió pero también alivio al comprobar que no era como había visto en aquellas películas con exceso de glucosa de maniquíes perfectos e inexpresivos.

Se miraron, sonrieron y entonces ella pensó: lo quiero todo contigo.

Ya no tenía miedo.

Fotografías: Theo Gosselin

Agradecimientos: Sandra Lara

Dedicada🙂