Al pie de la vida

Hay determinados gestos que nos curan, que sacian nuestras tristezas, que nos acarician el alma, que nos calman el vacío, que hacen más soportable el vértigo. Los sonidos de la infancia. Dormir en posición fetal. Una tableta de chocolate. Escuchar la voz de alguien fundamental. Observar fotos de gente riéndose. Bajar una cuesta elevada de arena o de hierba corriendo, con los brazos muy abiertos, casi planeando. Pararte en seco en una calle en un lunes de estrés y caos, mirar al sol y cerrar los ojos. Mientras escribo, escucho esto.

Supongo que a cada uno de nosotros nos llenan cosas distintas en esos momentos en los que nos gustaría desaparecer completamente, como dirían mis grandes Radiohead. La invisibilidad, el teletransporte, volar… Todos esos súper poderes que siempre salen a relucir en las primeras conversaciones cuando conocemos a alguien. ¿A ti qué súper poder te gustaría tener si pudieras elegir? Descubrimos, que además de ser cualidades imposibles, serían fantásticas para evadirnos del mundo por un rato y, ya que no se va a parar, bajarnos de él y bailar a nuestro propio ritmo.

A mí me ayuda el arte. La música sobre todo, pero también valen otras disciplinas. Una no puede obligar al síndrome de Stendhal a aparecer de repente… Pero se autosugestiona con la belleza y, poco a poco, logra que lo que le emociona y lo que le duele… Lo que quiere desechar por abyecto y las cosas más bellas del mundo… Los dos extremos de nuestra personalidad, en definitiva, vayan saliendo y, con suerte, llorar o reír y encontrar paz y calma.

Seguimos tan encorsetados… Claro que es difícil llegar a un entendimiento con otras personas si ni siquiera nosotros mismos nos entendemos o soportamos a veces. Si no saciamos nuestros propios deseos, ¿cómo compatibilizar una vida con otras personas que al principio son extrañas y desconocidas, si no hemos empezado por explorarnos a nosotros? Somos crueles con nosotros mismos y eso significa ser crueles con los demás, sobre todo con los seres a los que más queremos. Pero además de la parte oscura, en la que podríamos cebarnos y llorar ríos y mares, también está la parte multicolor. Y las secuencias de nuestra vida nos siguen emocionando de manera placentera y positiva. ¿Y qué queréis que os diga? No soy de las típicas emos-corta-venas-virginiaswoolf del mundo que acaban dejándose, coartándose y marchitándose. Así que, prefiero acabar así, que es de hecho lo que ahora estoy haciendo. Y tras secar las lágrimas, ver de nuevo el amanecer. Son tiempos duros, pero aquí seguimos, al pie de la vida.