Necesito paz… Haz que mi corazón baile

Son tres letras y una palabra bastante corta. PAZ. No hay que echar culpas a los demás. Ni excusarse. Ni echar balones fuera. Ni buscar el mal olor en otro lugar. A veces la paz no llega porque no nos prestamos demasiada atención a nosotros mismos. O porque no sabemos decir que no. O porque siempre decimos que sí. Como decía Joaquín Sabina, llámalo X, llámalo energía. Da igual.

El caso es que cuando una necesita paz es el momento de ser francas con nosotras mismas. De aceptar que la culpa, o como quiera que se llame la responsabilidad de no estar en equilibrio, tiene que ver con una, no con las demás. Y bueno, damos vueltas a eso que tenemos encima de los hombros y nos torturamos. Y no tiene nada que ver, aunque sí en el fondo, con cómo está configurado este sistema en el que siempre están por delante las otras cosas, las materiales. Y en la cola quedamos nosotros, muñecos de carne y hueso que hacemos que este mundo realmente tenga sentido, ya que aportamos la vida a este escenario chamuscado de guerras y contradicciones. Es todo, el conjunto, pero yo hablo también de lo que tiene que ver con una misma, con los conflictos internos, con prestarnos poco tiempo, con no concedernos una tregua para escucharnos… “Ay, cómo me pesan las alas… Ay, ganas de besarte aire… Mis plumas están cansadas, haz que mi corazón baile”. 

Y ahora necesito esa paz. No digo que eso signifique que quiera tener la vida solucionada, tampoco es eso. O más bien eso estaría muy alejado de lo que quiero. Es poder conciliar el sueño tranquila y despertarme serena y con energía para afrontar un nuevo día. Es concederme un rato para pensar e incluso llevar a cabo cosas agradables. Es cumplir metas y tener una recompensa al acabar. Es una estabilidad emocional. Es tener la libertad para subirme a esa montaña rusa que ha llegado sin previo aviso y de la que ya me bajaré, cuando se acabe el trayecto… Es no tener miedo de tener miedo de coger ese tren y los que hagan falta. Y esas pequeñas cosas, son lujos en este momento que yo me quiero conceder. Es la cosa más fácil y más complicada de conseguir. He tenido momentos de querer comerme el mundo y quiero volver a tenerlos pronto. Quiero seguir en la dirección de poner todas mis fuerzas en trabajar para que este mundo sea mejor y más humano y para que TODO LO POCO que yo pueda aportar se lleve a cabo. Pero ahora no, ahora quiero paz. Y cuando esté curada, cuando encuentre el sosiego, cuando esté reconciliada conmigo misma, volveré más fuerte y os buscaré y os presentaré a los que en el camino se cruzaron y me regalaron un poco de su locura para poder llegar a mi ansiada paz. Quiero que mis días sean pequeños caramelos y saborearlos a gusto. Quiero acabar uno y empezar otro y que nadie pueda tener el poder de arrebatármelos o cortar ese instante jugoso de disfrute. Yo, que soy de la calle, de la gente, de proyectos preciosos, pero grandes y complicados que nunca tienen remuneración, ahora quiero paz y soledad y espacio y distancia… Quiero comprender, quiero conocer… me quiero con paz.