Mamá, hace un año me cambió la vida

¡Querida mamá, bonica!


En el día de la madre quería escribirte directamente y contarte muchas cosas importantes para mí. Llevo un tiempo queriendo explicarte todo esto, aunque sabes que tengo incontinencia verbal y, que a pesar de vivir en ciudades distintas, te llamo casi todos los días contándote mis locuras y mostrándote mi forma de pensar y sentir abiertamente. Tú te ríes la mayor parte de las veces, pero otras, estás en otros menesteres más urgentes y me dejas a la espera o te pones a hablar con un vecino o con alguien que pase por allí. “Mamá, soy la presentadora de una agenda cultural”. “Un momento, Laurica. Ponme medio kilo de almejillas pa hacer un arroz. Ya está, es que la prima come en la casa y voy a hacer arroz, ¿tú qué vas a comer?”

Desde siempre el papá y tú nos habéis enseñado cuáles son las cosas importantes de verdad. Y esas no son las urgentes, ni las más ambiciosas. Quizá por la necesidad, por nuestras circunstancias de familia humilde, siempre hemos sabido que, como decía Picasso, la inspiración nos tiene que pillar trabajando. Y hay que trabajar, trabajar y trabajar, como el papá y tú, que os habéis reinventado toda la vida. Sé que ahora con 50 y tantos os gustaría tener otra situación y que el día a día no es fácil. También sé que vuestros padres a veces os dijeron que la vida era así y que… ¿qué le vamos a hacer? Habrá que apechugar.

No os dejaron soñar con un mundo mejor, pero hicisteis lo que la gente hacía a vuestra edad y lo que queríais hacer. Estar juntos, formar una familia, disfrutar de las buenas rachas, apretar en las vacas flacas… Y manteniéndoos unidos tantos años, pese a tantas adversidades, ahora me cuentas que estáis como novios de 15 años. ¡Esos son mis padres!

Sé que a veces no os cuadra que vuestra hija mayor, siendo siempre una empollona, esté ahora dando tumbos por distintas ciudades, con una idea diferente cada día y en el paro desde que la echaron de su trabajo más serio hasta ahora. Pero, como siempre, incluso cuando empezaba a salir con mis amigas en la adolescencia, sois comprensivos y me decís cosas como, “Haz lo que te haga feliz. Si tú lo decides, nosotros te apoyamos”. Y todo esto lo digo porque, gracias a vuestro apoyo y benevolencia, soy la persona que soy.

Mamá, no te asustes, pero estoy bastante perdida y sin embargo, sé que voy por el buen camino. Todos tenemos miedo, pero no te asustes, de verdad. Si te llamo un día llorando porque estoy sensible, no te asustes, es que estoy viva. Sé que pude elegir el camino recto y llegar antes, pero me entretuve por callejuelas oscuras para intentar descubrir lo que había en ellas de camino hacia el final con luz. Y no me gusta lo que veo en esas callejuelas. El mundo es maravilloso, mamá, pero los que tienen más poder nos quieren hacer ver que no es así y anteponen el dinero y sus intereses a nuestras vidas.

¿Ves? Como siempre me enrollo un montón y ya estarás desesperada, pensando en que tienes que terminar el hostal, hacer la comida y sacar a los perros. Voy a intentar ir al grano. Mira este vídeo que te paso, muchos de esta generación nos sentimos así, tal cual.

Hace justo un año me cambió la vida y me pasó una de las cosas MÁS GRANDES que me han pasado en la vida. Y como a mí a miles y miles de personas más en este país. Yo ya estaba en paro, terminando un máster para mantener la mente ocupada y no tener qué pensar qué iba a ser de mi futuro. Salía a bares, hacía mis mil cosas de siempre, ya me conoces, pero estaba triste porque me preguntaba todo el rato en qué estaría pensando la gente para permitir tanto descalabro, que por qué no reaccionábamos y salíamos a la calle. Nos habíamos vacunado contra el mal ajeno y seguíamos comiendo como si tal cosa cuando nos ponían imágenes de bombardeos en otros países o de niños desnutridos en África, pero no intuíamos la que se nos venía encima. No intuíamos que los protagonistas de esas noticias muy pronto íbamos a ser nosotros. Así me sentía y y mil como yo.

Crisis nacional, apatía generalizada cotidiana, mundiales de fútbol acogidos con pancartas en los hogares y despliegue general ciudadano por torneos de tenis y bodas reales, conversaciones de besugos, jóvenes desubicados, cincuentones perdidos, cuarentones deprimidos, treinteañeros raquíticos de fe… Y cuando parecía que no nos importaba nada, que no solo nos íbamos a cruzar de brazos, sino que además íbamos a postrarnos ante el poder y dejarnos sumisos hacer y deshacer a su antojo… Un buen día, como esas cosas que no se planean y te cambian la vida, la sociedad española salió espontáneamente y en masa a la calle a gritar todas las cosas que no le gustaban y contra las que estaban. ¡Y yo estaba ahí, mamá! No conocía a todas esas personas, pero sentía que daba igual porque nos mirábamos y sonreíamos, ¡por fin habíamos reaccionado!

Mamá, quizá no haya elegido el camino que era más normal en el pueblo, de terminar la carrera, encontrar trabajo, casarme y tener hijos. Quizá, como tú dices, siempre haya sentido mis problemas con más intensidad o sea más sensible o distinta. Pero gracias a la educación del papá y tuya; gracias a las mujeres de la familia, a ti, a las titas, a las yayas… mis mujeres coraje. Y no olvido a mi hermana, lo más grande del mundo, que aunque joven también está sobradamente preparada. Gracias a lo auténtico, que es lo sencillo y que es que estemos juntos y lo disfrutemos; gracias a nuestra educación con dignidad, humildad y sencillez; gracias a saber lo que cuestan las cosas; gracias a todo tu sacrificio por nosotros yo ahora quiero, como hiciste tú, imaginar un mundo mejor donde puedan vivir mis hijos. No me quiero olvidar del hambre que pasaron los yayos, del trabajo de mula que tuvo que hacer la yaya toda su vida, de la escasez de mil cosas que tuviste que pasar por cuidar de tus hermanos…

Por mi futuro, por el de mis hijos, pero también por mi pasado, el de los yayos y el vuestro… Yo creo que un mundo mejor sí es posible. Hay que ir lentamente, unidos, demostrando que no somos tontos y que somos personas y no trozos de carne como nos hacen sentir cuando intentan quitarnos todo lo que tenemos. Mamá, vosotros me habéis enseñado a defender con fuerza lo que somos, a respetar profundamente nuestras raíces y a apreciar todos los días de mi vida cada instante. Yo soy muy feliz así, aun sin trabajo, aun sin una estabilidad aparente.

Por eso y porque hace un año encontré a mi segunda familia, el sábado voy a volver a salir a la calle. Y como yo millones de personas más. No te preocupes, ellos piensan que pegándonos nos van a amedrentar, pero esto es tan grande, mamá. Ese día tú también deberías salir a las plazas y contagiarte de las ganas que tenemos todos de cambiar las cosas, de que el mundo sea un lugar para las personas y no para los intereses económicos. ¿Y sabes por qué lo hacemos? Porque tuvimos a una madre como tú, a una familia que nos hizo desear ser mejores. ¡Feliz día de la madre, mamá! ¡Gracias por ser la mejor! ¡TQ!