Sentirse grande y sentirse pequeña

Puedes tener toda la confianza del mundo en ti misma, analizar, ser objetiva y controlar situaciones. Hay gente especialmente ducha en estos menesteres y otra a quizá más torpe, pero a la que no le cuesta entender este juego del tira y afloja humano.Todos sabemos un poquito de esto, ¿verdad?

El viernes después de la Escuelita cogí un autobús de Madrid a Málaga. Aunque Daibús por la noche con este trayecto sea literalmente una tortura, es la opción más barata. Había comprado el billete la noche anterior, bastante tarde y parecía que el bus iba a ir vacío, pero nada de eso… estaba completísimo y tuve que compartir asiento, yo que quería escribir un montón de cosas y ponerme al día con deberes atrasados.

La chica que estaba sentada a mi lado había cogido mi asiento en ventanilla. Como yo llegué después, me dio mucho corte decirle nada y me aguanté en mi pasillo. Todo podría haber acabado así, pero no. Llevaba consigo un macuto gigante que no le cabía en la parte de arriba y tuvo que poner en el suelo. Ocupaba la mitad de mi espacio vital, pero no tanto para poder quejarme… Además de que en ocasiones he llevado una mochila enorme que también he tenido que poner en el suelo y no soy de ese tipo de personas que llaman la atención a los demás, a no ser que el grado de respeto sea el mínimo. Con mi decoro, mi poco espacio para trabajar y el ambiente contaminado de bachatas que salían de su reproductor… Decidí ponerme los cascos y descansar. Si has cogido alguna vez un Daibús, sabrás que esto es imposible, pero todavía lo es más si tu compañera de al lado no para de moverse y de ponerte el culo primero y luego el codo. Andaba yo mandándole whatsapps a mi amigo Rakesh y ya había puesto verde a mi compañera de asiento en caracteres de móvil. Yo, que no soy de las que prejuzgan demasiado y empatizo con todo el mundo, (de buena, tonta dice mi madre), ya le había echado varios males de ojo y maldiciones a la susodicha.

En la parada de descanso las dos bajamos y nos miramos mutuamente. Yo de reojo y mal, ella sonriente. Mi amiga Miriam y yo siempre nos proponemos NO hacernos mejores amigas de la persona que llegue nueva a nuestras vidas en los diferentes círculos que frecuentamos, pero ambas tenemos alma de telettubie e incumplimos sistemáticamente nuestra palabra. Cuando nos subimos de nuevo y el autobús arrancó ella ya me había hecho la primera pregunta y comenzamos una conversación. Era ecuatoriana, pero llevaba 14 años viviendo en San Sebastián de los Reyes y viajaba a Marbella a ver a su amor. ¡Era encantadora! Le dolía mucho la espalda de haberse tirado ocho horas trabajando  y no conciliaba el sueño, por eso hablaba mucho, pero llegaba a su destino a las 7, una hora más tarde que yo y tenía que esperar hasta las 10 para coger su apartemento. Le pedí que se concentrara y descansara porque si no iba a ser una paliza de fin de semana para ella. Y pasó una cosa muy curiosa, después de nuestro comienzo nefasto. Al intentar conciliar el sueño, en un momento determinado posó su cabeza sobre mi hombro, me agarró el brazo y se quedó totalmente sopa. Cuando llegué a Málaga me dio las gracias por prestarle mi hombro. Yo quedé tan encantada en mi manía por amar a la gente, incluso a la desconocida, que estuve a punto de pedirle el facebook, pero me contuve. Loca que cree en la gente suelta, ¡danger!

En fin, he usado esta historia mía para poneros un símil de situaciones que nos pasan a diario en nuestra vida. Nos necesitamos los unos a los otros, necesitamos calor humano para seguir adelante. Pero es fundamental este alimento para avanzar, para sentir que la vida es maravillosa. Y hay momentos en los que, depende de la naturaleza de cada uno de nosotros, frenamos estas sensaciones o nos dejamos llevar sin freno. No digo que los extremos sean lo mejor, pero las combinaciones de seres humanos con personalidades opuestas en este sentido pueden ser terribles.

Volviendo al principio del post, yo soy de las kamikazes que se dejan llevar y tratan de no analizar si la intución es buena. Y claro, cicatrices tengo bastantes, por fuera porque era una pupas de pequeña y por dentro porque no me permito frenar para sentir y vivir y equivocarme todas las veces que haga falta, siempre que yo sienta que he exprimido al máximo la esencia de estas cosas que hacen que la vida valga la pena. Lo estoy reduciendo mucho todo, pero este capítulo iba de la manía que tenemos de hacerlo todo difícil. Qué gran frase esa de la relaciones personales son complicadas.

Estés en el bando que estés o en la parte o tengas una naturaleza u otra, te quiero recordar varias cosas:

-Eres muy especial, no dejes que nadie te trate mal, no te respete o te demuestre lo contrario.

-Si a ti te gusta que te cuiden, a los demás les pasa lo mismo. Si te interesa una persona, cuídala. Y si no te interesa, házselo saber lo más sútilmente posible, pero rápido. Las agonías ya son obligatorias en terrenos más desafortunados, no las llevemos a cabo en estas situaciones. Y si lo haces es que no eres tan especial como creía yo en la primera frase.

-Solo hay una vida y hay miles de personas maravillosas. Piensa eso cuando te sientas pequeño porque una persona no te trató de forma especial o no te vio como una persona grande.

-Haz lo que tengas que hacer para pasar de página. Y si eso significa ceder un poco más con la otra persona para entenderla no pienses que te estás humillando, usa ese ejercicio para entenderlo todo un poco mejor y cuando lo hayas analizado supéralo y sigue adelante.

– Cuando se trata de relaciones personales todos tenemos miedo y también entran en juego factores como orgullos, dignidad, coraza y demás. Olvídate de ellos y siente. Al fin y al cabo eso es lo que te vas a llevar.

– Por último, no te preocupes por sentirte pequeño, seguro que es circunstancial y que esa sensación te va a ayudar a hacerte MUCHO MÁS GRANDE que antes. De eso trata el CV del corazón.