Solo nos salva el amor

He empezado con esta frase, que no es mía, ni probablemente de la persona de la que voy a hablar en este post. Es un mensaje universal que pertenece a todo el mundo. Como todos los que él proclama, como todos los que él difunde en cada entrevista, en cada acto público… No tengo sus años, ni su sabiduría, ni su experiencia, ni su bagaje… pero identifico en cada frase, en cada reflexión de José Luis Sampedro una empatía que traspasa estas barreras superficiales  y que hace que, sin miedo a expresarlo, pueda decir que cada palabra que sale de ese privilegiado corazón es una reflexión que comparto plenamente.

Hoy me ha pasado algo muy grande. Mi padre me ha hablado por facebook. No es eso lo grande, ya sé que muchos de vosotros tenéis la suerte de tener a vuestros padres en redes sociales, otros lo consideraréis un engorro. Me ha saludado. Que cómo estoy, que qué tal… Lo típico si no fuera porque mi padre viaja por Europa de un país a otro por trabajo en un camión. Y, cuando le contaba cómo me sentía. Mi desubicación, la crisis, el trabajo… bla bla bla, me ha dicho, “Laura, uno tiene que vivir donde sea feliz intentando tener un trabajo que le dé para pasar el mes. Es cuestión de ambición o de supervivencia. En la vida hay que tomar a veces decisiones duras. Yo no pensé que fuera a coger un camión nunca más a mi edad. Tú tienes la solución, búscala”. Y ante eso, una se siente pequeña y se pregunta millones de cosas.

No he querido mezclar historias, pero pienso lo mismo cuando escucho a José Luis Sampedro. Economista, catedrático, humanista, escritor… y ante semejante currículum me quedo sin duda con la persona sorprendentemente humana que es. Y no lo digo de manera gratuita. Él tiene la respuesta para esto también: “Uno no sabe nada hasta el final y al final tampoco. Es lo mismo que el cosmos. Uno involuciona. A estas alturas me he acercado bastante a quien soy”.

Hace una semana recibí una llamada del presidente del Ateneo de Málaga, Diego Rodríguez Vargas. Nos conocíamos por una entrevista que Rakesh y yo le hicimos desde el proyecto 15mmalagacc. La conversación telefónica giraba en torno a la presentación de un libro y de repente me dice, “¿tú quieres presentar el acto del homenaje que el Ateneo le va a dar a José Luis Sampedro?” Y estas son del tipo de cosas que te dejan en shock, para luego llevarte a la euforia. En este mundo de plastiquete, donde abundan los actos pastiche, si pienso en alguien que se merezca un homenaje de verdad, es José Luis Sampedro. Y lo pienso y me alegro como si me lo estuvieran dando a mí. En diversas entrevistas el autor de La sonrisa etrusca ha dicho que se siente afortunado por saberse tan querido y que lo más bonito del reciente Premio Nacional de las Letras Españolas ha sido la alegría de la gente y las palabras de empatía, “es que dice usted lo que yo pienso, José Luis”. Y en este punto, no creéis que si le dan un premio a una persona que ha luchado toda su vida por una economía humanista, que ha transmitido su sabiduría con la docencia en la universidad, que nos ha regalado su sensibilidad con libros como El amante lesbiano y que a sus 95 años ha optado, en vez de descansar, por rebelarse contra la sociedad diciendo lo que le parecen las estructuras férreamente establecidas, ya en decadencia… ¿No creéis que es un premio para todos y todas?

Hilando con la historia de mi padre de reflexión ante los tiempos de crisis que nos envuelven, doy las gracias por estar rodeada de gente tan especial. Con esa conversación y con algunas horas en vídeo del prisma de la vida de Sampedro me vuelvo a ubicar y vuelvo a saber qué es lo que verdaderamente tiene sentido para mí. Y de nuevo usaré palabras del autor de Octubre, Octubre hablando precisamente de este libro: “Solo nos salva el amor. No es amor sexual, no es amor de amistad. Es ansía de la vida, ansia de vivir. Amor a uno mismo en el sentido de que uno mismo es vida. Para mí el gran referente es la vida. Recibimos una vida y esa vida tenemos que llevarla a cabo. Tenemos el deber de vivir y de vivir esta vida porque de la otra no tengo la menor referencia. Y esta vida que ahora se me acaba, se me acaba sin dolor ninguno”. Y en este punto en el que yo ya estaba llorando, he vuelto a sonreír con sus palabras, al igual que su entrevistador Iñaki Gabilondo, por la metáfora que sigue a esta reflexión. “En Ortigueira en La Coruña yo contemplaba el llegar de un río al mar. El río llegaba lentamente porque ya era el final de su curso en la parte llana y me imagino que llegado un momento, las aguas del río que son dulces se extrañan de empezar a sentirse saladas y entonces se sienten un poco distinas y por una parte les desconcierta y por otra les alegra, les anima y siguen adelante. Y cuando se dan cuenta ya son el océano, ya no son el río. Eso es a lo que yo aspiro, a no darme cuenta y de repente dejar de ser río”.  Por favor observad la cara de niño pequeño, del periodista ante las palabras del economista, Como si se tratara de una fabulosa historia contada al calor de una hoguera. Y si la veis, aunque dure casi una hora, observad también la reacción de vuestras caras. ¿Cómo una persona tan sabia puede resumir la esencia de la vida con palabras tan sencillas? Precisamente por esto me vuelvo a ubicar.

El martes 20 a las 19.00 horas estaré nerviosa, pero tendré el inmenso placer de presentar ese acto homenaje que el Ateneo de Málaga le brinda a José Luis Sampedro. Me encantaría que estuviérais todos presentes. Y no para que me apoyéis, que también, sino para que durante breves minutos podáis desconectar del falso mundo que nos quieren vender y descubráis el verdadero sentido de tener la suerte de estar aquí en esta exitencia. “Esta vida es mi referente, esta vida es la que hay que vivir, la que tenemos el deber de vivir y eso significa que tenemos el deber de buscar la libertad porque si no tengo libertad lo que yo tengo no es mi vida, es la vida que me imponen”.

Os dejo con la entrevista que apadrina nuestro proyecto 15mmalagacc y con el baño de coherencia  de, como dicen ya, la mente lúcida de 95 años más joven de España. Si con casi un siglo de vida Sampedro no ha cesado en su empeño de decir verdades, a ti que estás empezando, te recuerdo las palabras de Benedetti, “No te rindas…”