¡Mi vida siempre tuvo banda sonora!

Todavía imagino las secuencias de mi vida con bandas sonoras de fondo. Como si me hubiesen sacado de una peli de Wes Anderson, fijo mirada al horizonte y sonrío.

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Pequeñas delicias de ser la protagonista de tu propia peli que, si bien a veces roza la trama de Una serie de catastróficas desdichas, también te regala otras un musical como en los mejores días del protagonista de 500 days of Summer (ya sabéis lo que me gustan las coreografías, aunque yo baile siempre de la misma manera, tipiquillo).

Y cada una de estas melodías está ahí desde que tengo uso de razón. Imaginaos a una Rueda de 8 años en el huerto de sus yayos paternos, rodeada de animalitos al más puro estilo Blancanieves, (gallinas, cabritas, patitos, perritos) cantándoles a todo pulmón, (juro que es verdad). Y analizando esto ahora entiendo muchas cosas. También ayudó bastante mi padre y su colección de vinilos ochenteros. Ahí había de todo. DE TODO. Y una se pregunta, ¿a qué clase de tribu urbana pertenecerás en tu fase adulta si de pequeña te criaste entre vinilos de Los Panchos, Beeges, Tina Turner o Renato Carosone, entre otros? ¡No hagas preguntas, loca!

Creo que esto va a dar para muchos posts porque los ingredientes principales son música, cine y dramatismo, ¡todo lo que más me gusta del mundo mundial! Aun así, esta mañana, cuando iba hacia el bus sonaba Grace de Jeff Buckley y me imaginaba a mí misma caminando por la calle y levitando hacia un lugar lleno de glamour con un toque de decadencia. Y no iba muy desencaminada, no. La oficina del paro tiene su puntito, más de lo 2º que de lo 1º, eso sí. Y de ahí me he ido a Elliot Smith, inevitablemente. Una que hace esa asociación de ideas, cantantes maravillosos, pero con vida tortuosa que se suicidaron o murieron antes de tiempo. Claro que luego me he acordado de una conversación reciente en un plano contraplano al más puro estilo de Persiguiendo a Amy y me ha venido a la cabez la empalagosa, pero no por ello menos reconfortante That look you give that guy de Mr. E.

Al salir del bus yo ya estaba pletórica de recuerdos y a rtimo de Heart of glass me he sentido Deborah Harris totalmente cruzando de Atocha a Méndez Álvaro. Así somos las rubias modernas vintages de pueblo (ahora castaña, pero con un pasado muy ceniza).

Y miradme qué feliz ahora escribiendo en mi libretita amarilla estas letras llenas de música y secuencias de peli autobigráfica mientras espero una cita para ver si me conceden un subsidio de 300€, ahora que se me ha acabado el paro. Aquí en estos banquitos de plástico que te dejan más culo de carpeta que el día que estuve en la asamblea del 15M en la que se decidía si Acampada sí o Acampada no.

Venir a la oficina del paro es una experiencia que no recomiendo, pero que si tienes que pasar por ella te curte en la vida. Y aquí pega Carmina Burana sí o sí. Parece que después de tres intentos, ¡me puedo ir a casa! ¡Continuaré con la banda sonora de mi vida próximamente!