Es difícil calcular cuándo puedes decirle a alguien te quiero

Admito que este titular está puesto adrede para que caigáis en mi trampa y le deis al enlace y leáis por curiosidad este post. ¡No mintáis! Por muy de duros que vayáis por la vida, ¿quién no tiene un puntito blandengue? Sé que os gusta que la gente os quiera y tener a quien querer al lado. Y ya no voy a entrar en matices de: es que no es el momento, yo no quiero historias largas, no estamos en la misma etapa, la otra persona está pillada y yo no… bla, bla, bla. En fin, complicaos la vida como queráis, pero lo que importa es que os gusta que os quieran, que tengan pequeñas muestras con vosotros y sentir que sois especiales para alguien. Recibir un whatsapp, que os hablen por el chat de Facebook, tener una interacción en Twitter. ¡No me creo que os dé igual todo! Aquí os dejo una de las muestras amiguiles que nos caracterizan a mí y a mi grupo de cachorros telettubies. Así somos y la mar de felices, oye.

Hay cosas tan primarias, que si os paráis a analizar esto arriba escrito, que parece tan sencillo y luego analizáis cualquiera de vuestras historias ‘sentimentales’, las tres últimas por ejemplo, flipáis en colores con las conclusiones tan enrevesadas y complejas, ¿a qué sí?

Siempre lo cuento, pero es que es súper divertido y hay que probarlo. ¿Recordáis ese capítulo de Friends… (tipiquilla coletilla de cualquier conversación entre amigos) en el que Phoebe y Rachel salen a hacer footing? El personaje interpretado por Jennifer Aniston se avergüenza de su amiga autora de Smelly cat cuando descubre que corre agitando las manos, subiendo las piernas, dando saltitos… Toda una maniobra de libertad que no obedece a ninguna coreografía basada en normas establecidas. Phoebe se mueve al ritmo que su cuerpo le marca, sin presiones ni autocensuras. Está claro qué ocurre al final. Rachel prueba a hacer lo mismo y descubre que es liberador y maravilloso.

A ver… ¿por qué nos empeñamos entonces en hacer esto que estoy contando un pulso con los demás, si parece tan sencillo, universal y aparentemente nos resultaría hasta gozoso? Lo sé, lo sé. Nos refugiamos en corazas, ponemos a prueba a la gente, marcamos territorio… Y somos más guays que nadie. ¡Y ojo! No estoy hablando del flirteo o de jugar con otra persona. Ese entramado entre dos basado en la elegancia, el misterio y la seducción. No se trata de proponer estructuras monótonas y poco emocionantes para vuestras relaciones o vuestros escarceos físico-genitales.

Este post está dedicado a la amiga que soltó esta frase cuando me explicaba lo que le ocurría. ¿Cómo hemos llegado al punto de autocensurarnos cuando queremos expresar un sentimiento? Os juro que no hablo de comedias de moda hollywoodienses. Hablo de emociones que serían de verdad si no nos empeñáramos en construir un muro. Si la cosa procede, claro. No estoy hablando de tener que amar a todo el mundo ni de dejar que todo el que te quiera amar lo haga. Y por supuesto no estoy hablando solo de amar. Hablo del cuidado de nuestras relaciones personales. De caminar por la vida con menos desconfianza, de dejar la avaricia a un lado. De cuidar cada red social como corresponda. Estoy hablando de lo fácil que sería todo si por la mañana nos pusiéramos una sonrisa en la cara y diéramos los buenos días de esta manera. ¿Tan difícil es? Pues mira, no sé qué podéis hacer para remediarlo. Tomad yogurt con alto contenido en fibra, más verduras y frutas… Aunque también recomiendo que tengáis contacto físico más a menudo… Eso hace milagros. Decidle a vuestros familiares y amigos que los queréis o echáis de menos también humaniza mucho. Lo siento, no pretendo dar consejos, pero sigo empeñada en que en esta sociedad las protagonistas son las personas. Y los atributos fundamentales tienen que ser los humanos.

En definitiva, muchas veces estamos mirando una película desde fuera y gritamos a los protagonistas lo tontos que son por no aprovechar las oportunidades que tienen. Hagan lo propio y miren bien alrededor. Cuiden de su gente. Quieran, mimen, achuchen. Intenten no perder trenes que bien merecen la pena. Hay bifurcaciones complicadas, bien lo sé yo que estoy metida en una ahora mismo, pero estas pequeñas cosas de tener una circulación gastrointestinal divina y una relativa fluidez emocional hacen de nuestro mundo un poquito mejor. Quiéranse y déjense de pantomimas de gente interesante. La gente que está preocupada por hacerse la interesante me da pereza, prefiero a la gente que actúa porque me demuestra verdaderamente cuál interesante es.

P.D. Más sugerencias: ¡Salid a correr en cuanto podáis imitando a Phoebe! ¡Bailad reggaetón perreando! ¡Haced una fiesta de pijamas improvisada en casa! ¡Reíros! Y dejad el estiramiento para el palo de la escoba. Nosotros somos personas y somos orgánicas. Así que no os planteéis el momento en el que tenéis que decirle a alguien lo que le queréis o lo importante que es para vosotros o acabaréis de esta guisa.