¿Hijos de cobardes, padres de valientes?

Sí, ya sé que nos pasa a todos. Eso de perder el tiempo con las moscas cuando una tarea urgente reclama toda tu atención. Estas moscas pueden llamarse “fregar los platos”, “ordenar tu cuarto”, “inventarte listas colaborativas de spotify”, “hacerle fotos a tu perra como una descosida” o “armar tramas de una posible novela”. También están “preparar papeles para cualquier beca” y “planificar lo que voy a hacer después de la tarea esta tan urgente a la que tengo abandonada”. Casi como si se tratara de capas y capas de Photoshop vas enterrando aquello que se supone que era prioritario y cuando despiertas del shock ya ni te acuerdas de por dónde ibas.

En la rae nos lo explican bien clarito, procrastinar: diferir, aplazar. O como dice mi amiga Carmen, entregarte a las redes sociales, catalogadas como armas de distracción masiva.

Pero es que es justo en esos momentos, en los que tienes la cabeza no amueblada, sino saturada de ideas, en los que se te ocurren muchos más proyectos. Amigos creadores, ¿no nos dicen siempre que hay que apuntarlo todo por si es una buena idea que luego se pueda desarrollar? ¿Llevar una libretita en el bolso y dormir con ella bajo la almohada si hace falta para que esa idea no se escape? Pues eso, que en estos momentos, yo ya no sé si atender a esas personas de ocurrencias maravillosas, pero entrópicas y caóticas, como yo. O atender a aquellos que me insisten tanto, céntrate en este objetivo, que luego vendrán otros, muchos más, impaciente. Pues sí, lo soy. A todos se nos escapan proyectos, pero como dicen los mejores amigos para consolarte, “es que no era para ti”. Y quizá sea verdad. Que todo tiene ese momento justo. Igual que cada receta tiene su toque de sal o que cada cita su puntito exacto de perfume, ¡no os paséis!

Y el miedo nos invade, como decía mi amigo Carlos Preil Abras en su último post, que nos dedicaba a Clotilde y a mí, a las Rueda. Querido, Pries, como te digo siempre, hace dos semanas estuve en el último Festival Eñe, procrastinando, no tengo remedio. Pero es que había probado suerte contestando una pregunta en un concurso y al final me tocó un abono doble a este festival de modernos-culturetas-gafapastas. Me hizo toda la ilusión del mundo y disfruté mucho, todo hay que decirlo. Así que, como era de cultura y yo esto del trabajo me lo tomo muy a pecho, pues me dije, seguro que sacas alguna idea de provecho para un proyecto futuro. En una de esas conferencias, el escritor Jorge Volpi hablaba de la teoría de la evolución aplicada a las novelas, las mejores salían adelante, las peores no. Y también hablaba del miedo y recalcaba que era un factor muy humano, aunque nos empeñáramos en esconderlo. ¿Y sabes por qué? Porque, según decía él, somos hijos de cobardes, ya que los valientes se enfrentaron a las fieras y de ellos nada sabemos, quedaron hechos añicos. Y los que se escondieron con sus dudas nos tuvieron a nosotros y así sucesivamente. Así que ánimo, todos tenemos miedos y lo mejor es enfrentarse a ellos de manera kamikaze porque, como decían en mayo del 68 y volvemos a decir en las plazas, ya es hora de que “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Habrá que vivir, ¡digo yo! Y ya de paso echarle coraje y convertirnos en padres de valientes. Mientras que escribo esto no puedo dejar de pensar en nuestros padres y abuelos y estar firmemente convencida de que tuvieron que ser muy héroes para conseguir unos derechos que esperemos que no nos arrebaten muy pronto con la nueva situación del país… Pero esto es una historia para un próximo post. Supongo que Volpi se refería a nuestros antepasados más antiguos, los que vivían con dinosaurios…

Dicho esto es hora de acabar este post, centrarme de nuevo en la filosfía y el arte y escribir de una vez mi TFM. Marcuse, Habermas, Kant, Tracy Emin, Anish Kapoor… no sé cómo habéis llegado a mi trabajo, pero os odio un poquito bastante.

 

Carlos Preil, como tú mismo dices, las ruedas están hechas para rodar y las Rueda rodamos mucho, pero te aseguramos que de tu vida no nos vamos a mover, porque, como tú dices, hay personas que, aunque las conozcas desde hace un mes, parece que llevan ahí toda la vida. Como nuestra querida Carmen Lozano Bright o todos los habitantes de la plaza, la de Málaga y las de otras que nos acompañarán en diferentes etapas.

Y para terminar de procrastinar os dejo una lista colaborativa para que pongáis vuestro granito de arena. Es una trampa para que perdáis el tiempo vosotros también. Se llama “La vida sobre el asfalto. Mi bso callejera” o cómo ponernos los cascos y ver la vida pasar al ritmo de nuestra particular BSO. Es muy fácil, os suscribís y luego añadís las canciones que queráis. Y quien no tenga spotify que deje un comentario con la canción.

¡Hasta luego, procrastinación. Hola, TFM!

La vida sobre el asfalto. Mi bso callejera